Revolviendo en el armario en estos días de ajetreados cambios de tiempo me topo con ella. Permanece cerrada, como esperando ser abierta en cualquier momento por las manos que la poblaron de recuerdos, secretos y un tiempo detenido y guardado.
De dentro saco collares de lágrimas, rosas secas de pitiminí que yo guardaba entre los libros escolares, cuando aún conservaba la inocencia, letras de canciones románticas, cartas que nunca entregué, hojas de diario, besos que no di, poemas ingenuos, manifiestos rebeldes, amores imposibles, sonrisas dulces… retazos de vivencias.
La vieja caja de música que en otro tiempo sonaba, ahora dejó su melodía de Chopin en los invisibles baúles del olvido, ese olvido que ella misma atesoró con tanta devoción durante tantos años. Y me envuelve una brumosa nostalgia, como si el tiempo decidiera volver atrás y recordarme quién era, y en esa búsqueda me doy cuenta de que todavía queda algo de aquella niña que fui.

En clave de mí 5: “Nostalgia”

4 pensamientos en “En clave de mí 5: “Nostalgia”

  • 12 mayo, 2010 a las 0:46
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    La niña que fuimos jamás muere, siempre está ahí escondida aguardando una oportunidad para salir.
    Se me llenó el corazón de ternura al leerte, es muy bello con ese sabor nostálgico que estremece el alma.
    Besos

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  • 13 mayo, 2010 a las 20:11
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    Querida amiga

    Es así como lo dices, esa misma sensación que tienes cuando miras todos esos recuerdos y ves que aún queda aquella niña y entonces es cuando recuperas tu auténtico yo, ese que a menudo queda escondido entre capas y capas que la vida nos va poniendo y sepulta nuestro corazón y espíritu. No lo queremos oír, pero no podemos evitar que lata y se rebele.

    Besos.

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  • 20 mayo, 2010 a las 22:50
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    Se tiene nostalgia de la infancia cuando ésta ha sido feliz. El paraíso perdido. Y, sin embargo, la niñez no es siempre esa etapa idílica que a veces creemos recordar. Feliz olvido.
    Besos, querida amiga.

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    • 22 mayo, 2010 a las 8:59
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      Así es, Isabel. Yo pienso que el tiempo dulcifica los recuerdos buenos y quizás magnifica los malos, pero a lo mejor es una percepción mía. El olvido se convierte entonces en un aliado.

      Gracias por ser y gracias por estar, amiga. Besos.

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